Friday, 25 May 2018

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Y las orejas de don Quijote entran en este gineceo hasta saber muy bien la lengua de las mujeres en su cordial maniobra de aproximación. El Quijote interpreta esta nueva sentimentalidad, logrando invertir el sentido de la historia central. Nace una subjetividad nueva, independiente de su sexo, y en particular femenina, que no se puede silenciar. Con las mujeres, Cervantes restituye para la realidad esa verdad oculta que la realidad tarda en mostrar.

Capacidad de Cervantes, transferida al propio don Quijote, para escuchar a esos sujetos creados en la verdad, sujetos que contribuyen a crear la atmósfera ética del libro. Recordemos que las primeras interlocutoras del camino son las dos damas-prostitutas, la Tolosa y la Molinera, que asisten a la ceremonia en la venta en que don Quijote es armado caballero.

De la primera, dijo el narrador: Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase 'doña Tolosa' Lo mismo sucede con la compañera, "a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se pusiese 'doña Molinera". Frente a tantas damas que intentan contemplar obscenamente su interioridad, don Quijote desea desnudarse ante la bella Dorotea, sorprendida: Cervantes consigue a través de la oreja de don Quijote hacernos llegar estos impactos.

Dejar escrito el autocontrol de Dorotea, sus razonamientos acerca del amante traidor, su sangre fría para reclamar por la vía de la lógica y de la emoción perfectamente conjugadas su derecho, es una prueba que nos ofrece la literatura de una arraigada verosimilitud.

E staba prohibido mantener relaciones sexuales en caso de tener enfermedades venéreas. Trabajaba fundamentalmente con gente de la iglesia. Podía tratar con sus clientes en régimen de concubinato o estar a cargo de unos cuantos clérigos. Cada cual, como aquellos diezmos de Dios, así le venían luego a registrar para que mirase yo y aquellas sus devotas. La Celestina Fernando de Rojas. Gorrona de puchero en cinta.

Mujeres que se prostituían a cambio de comida. Lechuza de medio ojo. Ramera principal que vestía ropas de calidad y ganaba hasta cinco ducados al día. Acompañaba a los soldados. Hacia se limitó su presencia a un ocho por ciento de la proporción de soldados.

Se les llamaba también soldaderas. Mujer de manto tendido. Moza joven que usaba como tapadera diversos oficios al tiempo que se prostituía por cuenta propia.

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Nace una subjetividad nueva, independiente de su sexo, y en particular femenina, que no se puede silenciar. Con las mujeres, Cervantes restituye para la realidad esa verdad oculta que la realidad tarda en mostrar. Capacidad de Cervantes, transferida al propio don Quijote, para escuchar a esos sujetos creados en la verdad, sujetos que contribuyen a crear la atmósfera ética del libro.

Recordemos que las primeras interlocutoras del camino son las dos damas-prostitutas, la Tolosa y la Molinera, que asisten a la ceremonia en la venta en que don Quijote es armado caballero. De la primera, dijo el narrador: Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase 'doña Tolosa' Lo mismo sucede con la compañera, "a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se pusiese 'doña Molinera".

Frente a tantas damas que intentan contemplar obscenamente su interioridad, don Quijote desea desnudarse ante la bella Dorotea, sorprendida: Cervantes consigue a través de la oreja de don Quijote hacernos llegar estos impactos. Dejar escrito el autocontrol de Dorotea, sus razonamientos acerca del amante traidor, su sangre fría para reclamar por la vía de la lógica y de la emoción perfectamente conjugadas su derecho, es una prueba que nos ofrece la literatura de una arraigada verosimilitud.

Madrid es el mayor lupanar de Europa. Ni estas desdichadas escapaban a la alambicada burocracia imperial. Si se quería ejercer la prostitución legalmente, debías. Una vez satisfecho este apartado, la desdichada candidata a trabajadora sexual debía pasar una ceremonia ante un juez.

El funcionario de turno pronunciaba un monótono sermón en el que sugería a las postulantes que cejasen en sus planes laborales. Una vez rechazado este punto, el juez les hacía acto de entrega de un documento que las autorizaba a hacer la calle. Esto, claro, cumpliendo una serie de estrictas reglas sanitarias y aceptando someterse a las inspecciones gubernamentales de las casas de lenocinio.

E staba prohibido mantener relaciones sexuales en caso de tener enfermedades venéreas. Trabajaba fundamentalmente con gente de la iglesia. Podía tratar con sus clientes en régimen de concubinato o estar a cargo de unos cuantos clérigos. Cada cual, como aquellos diezmos de Dios, así le venían luego a registrar para que mirase yo y aquellas sus devotas. La Celestina Fernando de Rojas.

Gorrona de puchero en cinta. Mujeres que se prostituían a cambio de comida. Lechuza de medio ojo. Ramera principal que vestía ropas de calidad y ganaba hasta cinco ducados al día.